martes, 10 de febrero de 2015

Linda Lisboa...

Lisboa
      Si pienso en ella la veo amarillita. Con los pies mojados por el agua del Tajo, con el sol cayendo a chorros por sus calles marcadas de raíles.

Tiene cicatrices, Lisboa.

Sus cicatrices tienen forma de raíles.

Y son hermosas, muy hermosas.

Por ellas circulan los tranvías: rojos, amarillos, marrones, verdes…

Bajan y suben. Bajan y suben. Acariciando su piel marcada. Como hormiguitas rápidas, coloreadas, que conducen al visitante hasta el lugar en el que un día estuvo la casita de San Antonio de Padua: frente a la catedral, en el corazón de la Alfama… el Santo Antonio querido.

Luego el castelo de San Jorge. Un poco más arriba. A dos minutos a pie. Entre tiendas de recuerdos. Cantos callejeros. El castelo custodia la ciudad con ojos avisados -siempre abiertos, siempre expectantes- mientras Lisboa, risueña y despeinada, se deja mecer a orillas de un Tajo irreconocible junto a ella por lo soberbio.

El Tajo parece feliz de morir en Lisboa.

Lisboa entorna los párpados y me mira complaciente. Se sabe bella. Inolvidable.

2 comentarios:

  1. Precioso post, sobre una enigmática ciudad. Lisboa, tiene magia.. sí...
    Saludos

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    1. ¡Muchas gracias, Ángeles, por tus palabras! Lisboa es una ciudad maravillosa... :)

      ¡Un abrazo!

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